Entonces desperté, y ya era viejo.
El calendario perdió sus hojas,
la clepsamia, su arena,
y el tiempo se escapó
por una grieta invisible.
Guardé la vida en el ático,
donde caben todos los instantes.
Amontonados quedaron:
el pasado lejano
y el momento reciente.
¿Habré sido siempre viejo?
Como el reloj que marca el presente,
así es la vida: solo el ahora.
Es un instante fugaz,
en que el presente se vuelve recuerdo.
El futuro no existe.
El pasado ya no está.
Siempre he estado aquí,
he sido el mismo.
Los años
solo agregaron cansancio,
acortaron los pasos,
pusieron peso sobre mis hombros.
¿O tal vez soy otro,
y el que fui está ahí?
A veces, un niño escondido
en el rincón oscuro del altillo,
donde guardo mi vida,
me sonríe…
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